Carlos Pistelli

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IV. Bicentenario de López al poder, Santa Fe a la invencibilidad.

EL CAPITÁN DE MILICIAS,

La Revolución de 1816.

 Se determina asentar “para perpetuar memoria”, que de resultas de haberse levantado, el 2 del corriente, la 1° Compañía de Blandengues, con su Teniente Estanislao López, y su Alférez Real Pedro José Basaga y unida a las Milicias de Rincón se declararon contra el Ejército de Observación, pudo descubrir que Mariano Vera, Cosme Maziel y Mariano Ezpeleta fueron los principales autores “de esta revolución” y de las Milicias de Coronda, con el objeto de expulsar las referidas tropas e imponer “el Gobierno exclusivo” de esa fracción, bajo la protección del Jefe de los Orientales, “como se vio en el corto período de su independencia”. Que después de haberse apoderado de los buques armados que estaban en el Paraná, el domingo 10 del corriente, hicieron fuego sobre el campamento de la laguna habiéndose propuestos retirar todos los ganados y abastos, para poner en asedio la población. En consecuencia, invocan la protección del Patrón San Jerónimo para liberar al pueblo de esta situación, prometiendo celebrarle misa solemne y procesión, cuando las circunstancias lo permitan. (actas del Cabildo Santafesino).

  Comentó el historiador José Carmelo Busaniche que “los hombres que se apoderaron de las embarcaciones estaban al mando de Cosme Maciel, instalado ya en el falucho ‘Fama’ como ‘comandante de las fuerzas de mar’. Por su parte también se sublevaron las milicias de Coronda. Un ejército de doscientos hombres, al mando del coronel José Francisco Rodríguez, se acercaba al paso de Santo Tomé.  Lo enviaba Artigas, el leal amigo de Santa Fe. Por los cuatro costados los revolucionarios asediaban la ciudad. El paisanaje de los campos entusiasmado se  les unía.”
( https://sepaargentina.com/2018/06/21/2616/#_Toc153886691 )

Lopez y Vera

   Durante varios días las estrategias de los montoneros desorientaban a los oficiales que respondían a órdenes de Viamonte. Para engañarlos dejaban encendidos fuegos y cruzando el río aparecían en distintos lugares. Viamonte escuchó los consejos del abogado porteño Santiago de Rivadavia que estaba circunstancialmente en la ciudad y concentró a los soldados y cañones en la plaza principal hasta que advirtió su error porque quedaba el resto del territorio sin controlar. “Coloca la cañonera Americana y otros lanchones armados, al mando del comandante Troncoso, en la costa del río, frente a los ombúes de Larrosa.  Destaca a la Casa de la Pólvora (manzana este de la actual calle Zavalla entre Hipólito Irigoyen y Crespo) “a las milicias de la ciudad, al mando ahora del santafesino Juan Manuel Santa Cruz y establece el cuartel general en la chacra de Larramendi (parientes de la esposa de Candioti).  Lo defendían cuatrocientos hombres de infantería, con un obús y cuatro cañones. El Cabildo da una proclama al vecindario:


‘Pueblo heroico cuando la perfidia de vuestros desnaturalizados hijos y la perversa turba que les sigue, abundó hasta el extremo de poner en espantosa consternación vuestras familias, entonces el Ayuntamiento vio con la más dulce complacencia oponerse a sus depravados designios toda la robusta bravura de vuestra constancia, unida al heroico valor que os auxilia bajo el mando del celoso benemérito y muy digno jefe el señor J. J. Viamonte’. (…) ‘invocar el patrocinio de nuestro Patrono San Jerónimo para que libertase a este pueblo de las miserias y desastres que lo amenazaban; prometiéndole celebrarle una misa solemne con procesión’.”

 

 La guerra estaba declarada a días de la inauguración del Congreso de Tucumán. “Estanislao López, hecho ya capitán, quien en canoa pasó el río tirando su caballo, y siguiéndole del mismo modo la demás gente, a nado, con sus caballos y armas unos, a pie otros, y muchos sin arma alguna. En esta forma se apoderó de los barcos porteños, que estaban a las órdenes del general Matías Irigoyen“. ( http://www.revisionistas.com.ar/?p=482 )

 Hartos ya de hartos, ya se cansaron, de preguntarles al mundo por qué y porqué, la Revolución se tornó popular. Desde los palazos que daba Montes de Oca al paseo “engrillado” que sufrió Larrechea por chismes que le llegaron a Viamonte, el gobernador nombrado por Bs. As., y el desamparo al indio, que se torna cada día más difícil, con entradas inclusive en la ciudad. El jefe de Añapiré, capitán Fontuso, porteño, deja la compañía para entrevistar a Viamonte, y López aprovecha. Hace formar al regimiento con su segundo, el Alférez Bassaga, y los amotina en rebeldía. Vera, Maciel, el refuerzo artiguista con Rodríguez, Ávalos con las milicias de Coronda, todo Santa Fe, en síntesis. La ardua jornada del 31 de marzo se combate en las calles circundantes al ‘centro’. Viamonte ve sus bastiones caer uno por uno en sangrienta lucha.
Diez de Andino, anotó lo sucedido el 31 de marzo de 1816: “Las dos compañías de blandengues, y las demás compañías, cercaron a aduana a distancia, sin hacer fuego alguno, sin querer rendirse el general.  Con la algazara y gritería que contristaba a todo viviente y una gran confusión.  Todas las puertas cerradas, pero los soldados, muchachos, con tanto valor y ánimo, haciendo mofa del tiroteo a voces: Él se ha de cansar!  ¡Viva la libertad!… y viendo el general la intrepidez de estos héroes, parlamentó entregarse”.

https://sepaargentina.com/2018/06/21/2616/#_Toc153886691

 

  En Buenos Aires causó escozor la derrota. Díaz Vélez, apuntado en San Nicolás, recibió el refuerzo y la jefatura de Belgrano, recién arribado al Plata. La decisión molestó a don Eustaquio. Belgrano dio órdenes a la vanguardia que se posicionara, pero Díaz Vélez le traicionó y firmó con Maciel el “Pacto de Santo Tomé”: Por el cual Belgrano era separado del mando (pasó raudo a Tucumán), se pidió la cabeza del joven director Álvarez Thomas (quien se despidió a los gritos, costando hacerle firmar la renuncia), y con el cual se quiso separar a los ‘revolucionarios’ de Artigas.

 El 10 de mayo Mariano Vera era nombrado Gobernador. Cosme y Vicente Maciel, Aldao, José Galisteo, Pascual Diez de Andino, Larrechea, presencian la elección. Viamonte es tomado preso y enviado a Artigas. No pasan días que el Gobernador tiene un conflicto con las tropas artiguistas que pretenden llevarse las armas tomadas al enemigo. Ese tironeo, entre los propios santafesinos, con Artigas, con las tropas porteñas de Díaz Vélez, actuando éste a voluntad, llevaron al Congreso enviar al cordobés Miguel Del Corro a mediar. Éste consigue y pasa a Purificación a entrevistar a Artigas.

https://carlospistelli.com/2016/04/19/historia-de-santa-fe-santa-fe-19-de-abril-de-1816-la-parada-de-vera-situacion-nacional/

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  López es Comandante de Milicias provincial, su regimiento de Blandengues pasa a ser Dragones de la Independencia. El teniente de Añapiré ha ascendido haciendo prodigios. Será el puntal de Vera.

 Problemas para Vera. A la importancia de hacerse con el mando, y asegurarlo, las presiones de Artigas para que libre guerra (Acabo de recibir el parte de haberse celebrado tratados entre el Coronel Diaz Velis (sic), y el Ciudadano Maciel. Penetro sus funestas consecuencias y no puedo autorizarlos sin ser responsable de las desgracias, de las víctimas, y de la sangre. Por consecuencia mando retirar todas las tropas de esta Banda dejando a V.S. en el libre ejercicio de sus derechos para deliberar lo convenido) y lo auxilie en la invasión portuguesa. A Buenos Aires que pasa de hostigarle a seducirle para separarle del Jefe Oriental. A los forajidos que actúan en la frontera. A los indios que no paran en hacer estropicios. No las tenía todas consigo don Mariano, muy dado a su vez a querer quedar bien con tirios y troyanos.

cabildo de snata fe

Cabildo de Santa Fe.

 

  Vera llegaba a las circunstancias con apoyo popular pero recelo de la élite.

 Artigas lo tenía como a suyo, pero con Artigas nunca se sabía si quería subalternos, o secuaces que potenciaran su voz a lejanía. Del Corro le comentó a Artigas que le parecía ver en Vera un muchacho dado a dejarse convencer por los porteños. El Congreso Tucumano quería realmente la paz, y los santafesinos hicieron elegir diputado (Seguí, padre). Balcarce, director en Bs. As. envía emisarios para concertar la paz, así como aprueba lo actuado por representantes en Río para que Portugal invada la Banda Oriental. Pueyrredón, Director elegido en Tucumán, busca congeniar con todos: Güemes/Rondeau, Belgrano, con las facciones congresales, con San Martín, con Díaz de Córdoba, con lo santafesinos, con Artigas, con los porteños donde había movimientos populares contra lo actuado hasta entonces, vieja clientela de Saavedra y Campana; Con Díaz Vélez que parecía hacer lo que se le cantara con tal que le dejaran mandar sus casi mil quinientos aposentados en el arroyo del Medio.

 

  Urbano de Iriondo, otro cronista del tiempo narrado, relata como actuaban los muchachos de Vélez:

 No dejaron cuartos ni patios que no cavaran en la búsqueda de platerías y dineros, ni huertos que no talaran, ni tiendas o pulperías que no arrasaran.  De los templos se llevaron imágenes y ornamentos, derramando el óleo sagrado de las crismeras… Cuando huían a través de las islas, perseguidos por los santafesinos, arrastraban bultos y cajones con el acopio de sus robos.  En ese saqueo desapareció la campana del Cabildo… tenía su historia. Vino de las misiones jesuíticas… y apareció en Santa Fe en los años 1770 a 1773.  Tenía un nombre grabado, como el de Pedro Urraco, cabildante de aquel tiempo’.

 

 Ese páis era un caos, y cuando Díaz Vélez decidió invadir Santa Fe (contra la opinión de Pueyrredón), la guerra se reencendió. Artigas sintió un ‘timo’ las palabras pacíficas del Director al enterarse la acción de Vélez. La guerra civil era un atajo sin salida para los vecinos del Litoral.

 Mucho majadeo para pegar por sorpresa, en fin. El 24 de julio la provincia volvió a ser invadida. Vera convocó al pueblo a la guerra, y dejaron desierta Santa Fe. El 4 de agosto, Vélez controlaba la ciudad. Prende fuego las pajas de los ranchos de la periferia a modo de vigilia. El sitio es brillante, y los porteños pasan hambre y locura. El jefe llama a diálogo y Vera le da una respuesta para la historia: Estimado General Díaz Vélez, váyase al carajo que no son tiempos de conferenciar. No llega septiembre que los porteños se van, dejando todo el oprobio que un ejército invasor puede dejar.

 

  Vera, se ha consolidado. Ahora, deberá demostrar sus dotes de mando en un páis en ebullición.

veritas.vince

Escudo de armas, Familia Vera. 

 

1 comentario

  1. Carlos

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