Carlos Pistelli

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I. Crónica de mi fugaz paso por la Jefatura de Gabinete.

 El Presidente revolvía la borra del té, con la mirada perdida en los jardines de Olivos. El rostro arrugaba cansancio de noches enteras sin dormir, el desaliño de la vestimenta lo decía todo. Yo, parado a pocos metros del sofá en donde se avistaba una frazada de Boca Juniors, un gorro de lana azul y oro, y una almohada, Algo pasaba aquí.

-Carlos, hace noches que duermo en el sofá del living. La ‘turca’ me hizo una escena porque me tengo que revolcar con La Lagarde, que encima se llama Cristina. ¡El destino conspira contra nosotros, Carlos!.

-Sí, señor Presidente.

-La corrida no me deja dormir, la disparada del dólar, la inflación, que nos toca Cruzeiro en la Copa, ¡Demasiado, Carlos, demasiado!

-Estoy aquí para servirle, señor Presidente.

-Y por eso le he mandado a llamar. Para responsabilizar a alguien en política donde inflación (sacó su dedo pulgar), dólar (dedo índice), y crisis económica (tercer dedo abierto), nada como un radical.

-Para eso estoy aquí, Señor Presidente, para servir a la Patria.

-¿La contratista o la financiera?, me dijo con los ojos desorbitados mientras temblorosamente firmaba el decreto por el cual me hacía Jefe de Gabinete desde las 8 del sábado hasta las 20 del domingo.

 Juré por la Patria (sin especificar), por los Santos Evangelios y Juan Vital Sourrille.

  Raudo me dirigí a la Casa Rosada. Mi primer telefonazo, era de manual,

-Oíme, Peña Braun, agarrá tus cosas que te devuelvo a la Patagonia, gil de estopa.

   Ni siquiera organicé un gabinete: Los eché a todos y asumí interinamente todas las carteras. Patricia se fue ofuscada:

-Te conozco, caperucita, me tocás uno solo de los Borodino en tetra y no la contás.

  Ratifiqué a Patricia en su cargo.

  A media mañana me visitó Federico estrechándonos en un largo abrazo.

-Fede, iniciá el juicio político para la Lisiada, el desafuero de la Yegua, ofrecele a Picheto la Embajada en Washington, no dejes que ningún radical haga, diga, o aparezca algo.

-Ud manda, Carlos, seré Su Seguro Servidor.

-Beatriz (así se llamaba el trans que revestiría en mi secretaria en mi paso por el gobierno) Comunicame con la Santa Sede,

-Hola, Bergoglio, Iglesia y Estado, asunto separado, dame las llaves de las iglesias que vamos a expulsar a toda la curia, atorrante hijueunagran… Pucha, discúlpeme, doña Mirtha, se equivocó mi secretaria. Sí, claro, hoy estoy en su programa, Perdone que le pregunte, ¿Con quiénes compartiría mesa?. Casero! Andahazi! Majul! Leuco! Excelente mesa, doña Mirtha, Excelente!

  Ya me sentía poderoso. Por eso a las 11 le ordené al edecán presidencial para las cámaras,

-Saque la foto del escritorio presidencial,

  Franco Macri ya no estaba en la Casa Rosada, tras 48 años inenterrumpidos.

-Doctor Pistelli, me dijo Beatriz, hay una voz en el teléfono.

-Pasamela.
Hola, Bonadio, mandá la detención de la Yegua. ¡Qué se yo bajo qué acusación!, ¡Inventate otra que para eso sos bueno!

-Doctor Pistelli, lo espera en la antesala el señor Jaime Stiusso.

-Decile que me deje la carpeta, y que vaya nomá.

 Me asomé a la plaza histórica. Los fantasmas del pasado parecían verme en esta mañana gris y fría. Sentí que era otro 25 de mayo, pero más grande, más contundente, más inconmensurable.

-Doctor Pistelli, el señor Trump en línea.

-Decile que le diga a la reinecita esa de Londres que Las Malvinas son Argentinas, y que no vamos a negociar un carajo, la soberanía nacional.

-Doctor Pistelli, dice que algo llamado Enola Gay está saliendo del John Fitgerald Kennedy.

-¡Qué pedazo de puto el teñido ese! Da marcha atrás, Beatriz, todo no se puede. Y llamame a Milei y a Espert, que se venga para la siesta que vamos a sacudir el Estado como nunca.

  Hablé con un arbolito amigo de calle Florida. “El rumor es que el Lunes arrancás con el dólar a 30”. Me sobresalté. Algo estaba saliendo mal.

.

  Eran las 12 cuando desde Ezeiza me confirmaban que las maletas de, y el propio, Durán Barba eran despachos de regreso a Ecuador.

-Se acabó ese chanta maloliente.

 A las 12:30, mi primera entrevista en TN. Estallaban los hashtag. Era TT mundial bajo la consigna #UnHijodelPuebloAlMando. Sentí que José Hernández lo había escrito para mí: Hasta que venga un criollo a mandar. Llamé a Beatriz:

-Mandá a retirar de los organismos públicos la bandera celeste y blanca, Que la reemplacen por la azul y blanca con el gorro frigio en las puntas.

  Sentí que se lo debía al Restaurador y al Revisionismo Histórico.

  No dormí siesta. A las 15 estaba con Larreta en la Villa 31. A las 4 y media con Vidal en la Matanza. A las seis estaba de vuelta en Plaza de Mayo.

-Doctor Pistelli, el Presidente de Rusia en línea.

-Vladimir querido, hermano, amigo del alma.

-¿Con quién estoy hablando?

-No te hagás el gil, pelado estrafalario. Argentina desconoce tu gobierno, que vuelva algún descendiente del Zar, o vas a tener muchos problemas.

  Me senté y pedí agua mineral. El peso del poder caía sobre mis espaldas, y el Mundo hablaba de un gobierno que estaba pareciéndose a una coalición ‘Cambiemos’ de veras.

-Doctor Pistelli, el presidente del partido radical en línea.

-Cortale los contratos a esos delincuentes morales, Beatriz, y no estoy para nadie!

 El arbolito amigo me mandó un nuevo mensaje: “Lunes dólar a 22, el ‘loco’, ¿Estás seguro que vas por buen camino?”.

-Doctor Pistelli, Elisa Carrió en línea.

-No estoy para psiquiátricas, Beatriz, cortale y mandale el rivotril de todo el mes que le tenemos asignado para septiembre.

  No eran ni las siete cuando los granaderos me sacaban a patadas y Peña Braun volvía triunfal. Me había excedido en la última llamada.

-Doctor Pistelli, la señora Lagarde en línea.

-Hola! Jai, Horse Woman Chú.

-Are you talking with my?!

-Yes, bitch. Kiss my ass.

 Había sido demasiado. El Presidente ni siquiera me dio las gracias por los servicios prestados. El Helicóptero fue puntual mientras me metían de prepo. El país, respiraba aliviado. Al fin el Presidente se sacaba de encima al radical que había originado el desastre de su gobierno. La Patria (no sabemos cuál) finalmente se había salvado.

 

 Mi efímero gobierno, había terminado.

 

 

 

 

 

 

2 comentarios

  1. M

    Sos un gran funcionario.

    • Carlos Pistelli

      Agradecido

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