Carlos Pistelli

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

Rozas, a modo de balance.

 En 1857 la Sala de Representantes de Buenos Aires juzga a don Juan Manuel. No sea cosa que pretendiera volver…

 Los epítetos son los acostumbrados, más allá que al debate la barra lo tomó como un gran episodio para desagraviar al viejo tirano. Participan todos los actores segundones de la época, porque don Valentín, Vélez, Mitre y Sarmiento cumplen roles ministeriales o de gobierno. Rufino de Elizalde, tertuliano de Palermo, lo agrede crudamente, pretendiendo hacernos olvidar que brindaba a la salud eterna del Restaurador. Carlos Tejedor, más noble, define a Rosas y a sus tiempos, “como una época”. A alguno, más avispado, no se le escapó la idea del Juicio. Dirá más o menos así:

   “Señores, este juicio es de vital importancia para el futuro de nuestro país. ¿Qué le diremos a las nuevas generaciones de Rozas? ¿Qué haremos si alguno bregara investigar la obra de Rosas y se lo encontrara venciendo a los invasores de la Patria, ratificado en elecciones libres y apoyado por el Libertador San Martín, quién encima le lega el sable de “la Independencia”?. No, señores, este juicio sienta una vital importancia: No señalando a Rosas como al peor de nuestras miserias, vendrá alguien en el futuro que lo levante como emblema nacional. Y eso, señores, eso sí que no”.

  Culpable de todos los cargos quedó el Restaurador: De reo de lesa patria por sumir a la Patria en una tiranía feroz, de cometer crímenes inimaginables, de llevar al pabellón invicto de Tucumán, Salta y Maipú a la derrota de Obligado (¿?) y de robar aprovechándose de su posición política. Las tablas de sangre un poroto.

   Bajo esos fundamentos, un juez sentencia a Rosas a muerte en ausencia y a exhibir su cuerpo en Palermo. Rozas les responde desde Southampton. Haciéndose cargo de lo actuado por casi veinte años de funcionario público, rechaza los cargos de “ladrón”. Y nada más. ¡Terrible ejemplo para todos los dictadores que vinieron después, que jamás le veneraron como a uno de sus pares!

 Hasta sus últimos días, un fantasma persiguió al viejo desterrado: El fusilamiento de Camila O’Gorman. Retirado como farmer, moriría veinte años después en una austeridad espartana, trabajando personalmente la granja donde se había instalado. Su nombre, vade retro satanás, no debiera pronunciarse jamás. Ni sus restos descansar en el país. La argentinidad como sentimiento nacional y popular, se perdería tras sus huellas.

 

 Cosas de la historia, serían hijos de mazorqueros y de funcionarios militares de la Dictadura los que encabezarían el regreso al destino patrio. Y cuando en 1916 la muchedumbre desenganchó los caballos para llevar a pulso a Hipólito Yrigoyen a la Casa Rosada, no sabían dos cosas. Que repetían a la masa que hiciera lo mismo con don Juan Manuel en 1829. Y que uno de los mayores cargos que se le hicieran al “Peludo de calle Brasil” sería el de ser “hijo bastardo de Rosas”. Demasiadas coincidencias que narraremos alguna vez.

Con Rosas desaparecía más que un Dictador Patriótico y su Sistema. Desaparecía la Nación que lo había forjado hasta el delirio.

 

Habla Pepe Rosa,

            A modo de balance, en su “Rosas, nuestro contemporáneo”, el gran historiador del Revisionismo realiza los haberes y deberes del “Restaurador”:

“BALANCE DE ROSAS

Aunque históricamente el gobierno de Rosas es más un problema de valoración que de conocimiento, me arriesgo a hacerle un balance.

Haber de Rosas:

 1) La unidad nacional del Pacto Federal de 1831 que detuvo el proceso de disgregación del virreinato del Plata. Las catorce provincias unidas por el Pacto, y sobre todo por la férrea energía de Rosas para hacerlo cumplir, constituyeron la Confederación Argentina, nuestra patria de hoy: en justicia, podría llamárselo a Rosas su creador. De no haber sido por él habría continuado el proceso que llevó al Alto Perú, al Paraguay, a la Banda Oriental, a evadirse de la argentinidad y hoy seríamos una Centroamérica de trece o catorce republiquetas independientes y enemigas.

2) El orden interno, acepto que mantenido drásticamente. Desde mayo de 1810 se vivía en el desorden de continuas revoluciones y cambios de gobiernos. Nadie acataba ninguna autoridad. Rosas, a veces con mano dura, consiguió hacerse respetar y pese a las formidables fuerzas coaligadas en contra suyo, puede decirse que, fuera del huracán del ejército Libertador entre 1839 y 1841 y la situación de Corrientes hasta 1847, hubo un orden interno del que no se había gozado nunca. Y no se gozó tampoco después de Caseros con el cisma de Buenos Aires, las guerras intestinas, la guerra del Paraguay, las guerras de indios y las continuas revoluciones locales.

3) La independencia económica de su ley de aduana protectora de las industrias nativas, y la independencia financiera del Banco de la Provincia de Buenos Aires, sustituyendo en 1836 el establecimiento extranjero creado por Rivadavía que tuvo hasta 1836 la emisión del papel moneda y el monopolio del crédito.

4) El respeto a nuestra soberanía impuesto formalmente a las grandes potencias europeas después de guerras desiguales y alevosas. Y con ello el reconocimiento de la argentinidad de los ríos navegables.

5) El sistema americano de mutua defensa de los pequeños países de origen español, exteriorizado muchas veces: al ayudar a los orientales a sacudirse el gobierno títere impuesto en Montevideo por los interventores europeos; protestar contra la expedición del general Flores a Ecuador con la protección de Inglaterra y España; protestar por la anexión de Texas a Estados Unidos en 1845 (aplaudida por los periódicos unitarios en nombre de la civilización), y el apoderamiento de vastos territorios mexicanos en la guerra subsiguiente (las notas de Rosas en Archivo Americano, 1845 y 1848). Se dirá que la libre determinación oriental que Rosas estampó en los tratados de Southern y Lepredour, no pudo cumplirse por la guerra con Brasil y definitiva derrota argentina, y que sus notas sobre Ecuador y México fueron líricas. Pero empleando palabras de Rosas “si más no hemos hecho, es que más no hemos podido”. Después, ni siquiera hubo derrotas gloriosas ni protestas líricas. Ni “sistema americano”.

6) El arreglo del problema del indio sin eliminar a éstos (como se haría después), cumplido con su campaña de 1833, ocupación del “camino de los chilenos” y subvención a las tribus aborígenes. Política que se perdió al caer Rosas.

7) Fue el único gobierno popular que tuvimos en el siglo XIX. Si democracia es gobierno del demos, la “tiranía de Rosas” fue el más democrático de los gobiernos argentinos. En realidad, el único democrático.

8) La mejora social de la clase popular, por la, política aduanera que protegió a los talleres artesanales, y por el incremento de los saladeros y molinos de harina. Pese a las intervenciones europeas y los subsiguientes bloqueos al puerto, el progreso material alcanzó un ritmo notable. ‘”Buenos Aires vive en un pie de prosperidad admirable – escribe el 22-V-49, desde Montevideo, Herrera y Obes a Andrés Lamas –. Es hoy el centro de todo el comercio del Plata… Su país (de Rosas) prospera, su poder se afirma cada día más” (Correspondencia cit., II, 106). “Si digo que la República Argentina está próspera en medio de sus conmociones – anota Alberdi en 1847 – asiento un hecho que todos palpan” (La Rep. Argentina 37 años después de la Rev. de Mayo). “Lo que hay de cierto – afirmó el diputado socialista francés Laurent de l’Ardéche el 8 de enero de 1850 – es que el poder de Rosas se apoya efectivamente en el elemento democrático, que Rosas mejora la condición social de las clases inferiores, y que hace marchar a las masas populares hacia la civilización dando al progreso las formas que permiten las necesidades locales… La guerra de los gauchos del Plata contra los unitarios de Montevideo representa en el fondo la lucha del trabajo indígena contra el capital y el monopolio extranjero, y encierra para los federales una doble cuestión: de nacionalidad y de socialismo” (La Gaceta Mercantil de 20-1V-50, tomada de La Republique de París del 9-1-50). Los socialistas franceses fueron en su Parlamento defensores inteligentes de Rosas y enemigos de continuar la intervención imperialista. Rosas, según ellos, era un socialiste avant la lettre aunque la calificación lo hubiese desconcertado: en la Argentina gobernaba el pueblo, no había prácticamente esclavos, la iglesia y el Ejército no tenían gravitación política; Rosas – sigo citando a Laurent de l’Ardeché – “hace todo eso sin necesitar revoluciones ni barricadas, puesto que la soberanía popular es la única que lo ha elevado al poder donde lo mantienen la confianza, la gratitud y el entusiasmo de sus conciudadanos” (ibidem).

 

Veamos ahora el Debe de Rosas:

 1) Gobernó con la suma de poderes. Pero no se ha demostrado que otra forma fuese posible por faltarle – como dije – una “clase ilustrada” con conciencia patriótica, que pudiera acompañarle. Tampoco las grandes revoluciones – y el gobierno de Rosas fue una formidable revolución social, política, económica e internacional – se hacen dentro de los moldes comunes. El drama argentino fue carecer de una clase dirigente. Un gran jefe y un gran pueblo no bastan para construir un destino. Solamente con una categoría de hombres capaces, consagradas y plenamente identificados con su patria puede cristalizarse una gran política. Un hombre solo, por grande que sea su laboriosidad, inteligencia o penetración de los negocios públicos no puede sustituir la labor coordinada, metódica, dedicada, de un equipo. Descansó sobre el jefe argentino todo el trabajo administrativo; pero tampoco era posible otra forma de gobernar. Pedro de Angelis escribe al general Guido el 27 de enero de 1850 comentando la renuncia de Rosas de ese año: “El general Rosas no puede sustraerse al peso que lo oprime. Este es su destino, y por más duro que sea tiene que cumplirlo. Lo que él dice, es cierto: su salud desfallece y su vida misma está amenazada. Todo el peso de la administración en sus grandes y pequeños detalles descansa sobre sus hombros y, lo que es más, sobre su responsabilidad. Las faltas de los empleados, los abusos que cometen, su misma ineducación, todo se pone en cuenta del gobierno y se atribuye a su descuido y hasta a su connivencia” (archivo Guido. Archivo General de la Nación). En el Restauradar laborioso, leal, arrogante, temerario y justiciero se plasmaron las mejores posibilidades de la raza. Pero también los mayores defectos de los argentinos: el personalismo que lo hacía asumir toda la tarea, la obstinación que le impedía retroceder “un tranco de pollo” según su conocida frase, y la pasión por el azar que le hacía “jugarse entero” (también frase suya) en cada oportunidad. Nunca retrocedió un tranco de pollo, nunca dejó de jugarse entero contra los enemigos más poderosos, y en todo momento se cortó solo, obstinadamente. Pudo triunfar contra las empresas coloniales de Francia e Inglaterra, pero no podría vencer a la clase dirigente brasileña, inteligente, patriota y coordinada que, trabajando las contradicciones argentinas, logró vencerlo en Caseros.

2) Empleó, a veces, no como sistema, el terror como arma política. Y eso era una trasgresión a los cánones habituales; al terror lo pueden emplear los de arriba para imponerse a los de abajo; nunca los de abajo para aquietar a los de arriba.

3) No exigió a Inglaterra la devolución de las Malvinas en el tratado Southern. Solamente el retiro del Uruguay dejando a los orientales libres para resolver su destino por sí propios, la soberanía fluvial en el Paraná y el Plata, y el desagravio a, la bandera argentina. Nada de las Malvinas, cuya argentinidad seguía reclamando en sus mensajes anuales. La política es el arte de lo posible, y tal vez no pudo hacer más; quizá comprendió que una cláusula sobre las Malvinas enconaría la oposición del Parlamento inglés al tratado, ya suficientemente triunfal para los argentinos. O no creyó prudente tener ese puesto vulnerable sin escuadra de mar para defenderlo; había ganado la guerra porque la situación de la Argentina la hacía invulnerable a medidas militares, y las cosas ya no serían las mismas con ese talón de Aquiles en descubierto. Lo habrá dejado para después, cuando el triunfo sobre Brasil y la integración del “sistema americano” lo pusieran al frente de una nacionalidad ofensivamente fuerte… Todas son conjeturas. En las dudas, le anoto la deuda.

 

No encuentro más debe. A lo menos que puedan sustentarse como cargos fundamentales y veraces”.

            Con Rosas se iba más que un Dictador con sus masas detrás. Se iba, la Soberanía Nacional, y su pueblo detrás.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

El falso zarévich

Escritor peso superwelter. Ensayos, crónicas, causeries. No sé qué es el Ser nacional. Pero dice Sarmiento: "si solventáis un poco las solapas del frac con que el argentino se disfraza, hallareis siempre el gaucho más o menos civilizado, pero siempre el gaucho”.

Revisionistas de Gral San Martín

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

Rocker Judicial

Sol Rodriguez Garnica (@SolRGarnica)

Mis Mentiras Favoritas

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

Una chica trotamundos

CONSEJOS E HISTORIAS DE UNA CHICA VIAJERA

Pájaro Rojo

El blog de Juan Salinas y Montserrat Mestre

Ateneo del encuentro

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

Proyecto Vertientes

El Blog del Río Paraná

HISTORIA Y DOCTRINA DE LA UCR

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

ESA VIEJA CULTURA FRITA

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

Jose Luis Muñoz Azpiri

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

A %d blogueros les gusta esto: