Carlos Pistelli

Blog debate de Historia Nacional, SUSCRÍBASE YA

Un resumen argentino (1806-1877)


 

 

 El barco que se llevó a Rosas atraca en Inglaterra. El Restaurador ha pedido asilo en Inglaterra, como Napoleón tras los cien días. Vivirá como farmer, en Southampton. Recibe pocas visitas, entre ellos algunos familiares, políticos ingleses, y viajeros argentinos que alguna vez lo enfrentaron, como es el caso de Alberdi. El inglés Ignacio Fotheringam, que corriendo el tiempo será oficial mayúsculo de Roca, lo visita. “Tenía unas manías que los que lo visitábamos asiduamente, ya conocíamos de sobra. Nos recibía en un sillón rojo, y otro enfrente, del mismo tono, como si recordara sus viejos tiempos de divisas punzó. “Ojo, con en ese asiento, Está reservado para el general Urquiza”.

 Majestuoso en Morón (Caseros, la llaman los brasileños), Justo José de Urquiza se dispone a liquidar el entramado rosista de la mejor manera: Con una Constitución Nacional. El Brasil le reclama compromisos contraídos, los viejos unitarios desconfían de sus pasos, los caudillos lugareños le mandan sus respetos. No las tiene todas consigo el “Castellano de San José”.

   Entrerriano del 1801, Urquiza desplegó un extraordinario talento para amasar una fortuna y formarse un partido en su provincia. Puntal de Rosas en el Litoral desde 1841, sus volteretas antirrosistas se inician en 1845. Para 1851 ya se hace camino propio y singular. Por diez años enfrenta al poder omnímodo de Buenos Aires. Contradictorio, enmarañado, con su derrota en Pavón terminan cincuenta años de historia nacional.

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1810-1820.

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    Desde Mayo de 1810, corren cincuenta años de luchas populares en la Argentina. Lo que no atinan a concluir Moreno, Belgrano, Castelli, parece esbozar Artigas. Artigas es la rebelión del país cansado del proceso “domesticador”, por el cual se es argentino si se responde con mansedumbre bovina a los intereses portuarios. Al pensamiento de Paso, por el cual Buenos Aires se hace con las veces del país porque es la “Hermana mayor”, plantea la igualdad verdadera. La igualdad popular y la libertad absoluta en “toda su extensión imaginable”. Era la propuesta de los de abajo, de los pobretones, de los marginados, de los solidarios. A la libertad e igualdad para los propietarios que propone el Puerto, la profundización social de los mismos lemas sagrados (la libertad y la igualdad) con la necesaria fraternidad: la Democracia. El Sindicato del Gaucho, llama Jauretche al Caudillo Federal. Rozas, tan poco dado a los análisis, refiere parecido en carta a Facundo Quiroga: “La federación es la forma de Gobierno más conforme con los principios democráticos”.

Los caudillos del federalismo son los genuinos demócratas de la Nación, cuya legalidad se sostenía en las lanzas, expresa con resignación Alberdi. Dice una verdad, y confiesa que estaba del otro lado. En Argentina, “Democracia es Federalismo” producto de “provincias empobrecidas por el poder central” que encuentran en el sentimiento federal la unión y la resistencia, se explaya Leandro Alem, continuando el pensamiento político de Manuel Dorrego. El Federalismo como un codo a codo, para avanzar; de cara a cara, para decirnos las cosas;  y de un mano a mano, para ver quien se la aguanta. Ninguno es más que nadie, y las diferencias de opinión se respetan, porque “la Democracia es la ley de las diferencias”, como dice Alem.

 Entonces, ¿la argentinidad es un anarquismo organizado? La organización se sienta en un Pacto de recíproca igualdad. Al proceso centralizador y unitario, anti-popular y monárquico que propondrán los congresistas de Tucumán: la “anarquía del federalismo” para empezar de nuevo, reconociendo la preexistencia del Hombre antes del Pueblo, y de las provincias antes del país. El maestro dicta clases y el alumnado escucha, bien verticalista; O el estudiantado se instruye en grupos, exponiendo ideas y las discute en la sala con el arbitraje del docente, como enseñaba Hipólito Yrigoyen. El Estado como organización militar-eclesiástica, o la Nación a contrapelo de mandones y sermones, reunida en Asambleas Populares, discutiendo y fijando el desarrollo del porvenir.

 

 Artigas era el líder “mandón”[1] de los pobretones del interior litoraleño enfrentando las injerencias portuarias y los proyectos portugueses de anexión territorial. Su argentinismo, increíblemente, lo expulsó del país y lo convirtió en uruguayo. Sus lugartenientes del Litoral se plegaron a Buenos Aires, para evitar la “Santafesinación” o el “Mesopotamianismo”. Otra cosa les hubiera costado la “desargentinización”[2].

 Pero Artigas no ha podido prevalecer militarmente. Rodeado por lusitanos y porteños, defeccionado y traicionado, se retira al Paraguay, desilusionado. Han pasado diez años de Patria.

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1821-1830.

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 Buenos Aires se aísla. Rivadavia toma el concurso de las arcas de la Aduana portuaria, y “embellece” su ciudad. Endeuda a su provincia en un negociado que inicia la Deuda Externa. Negociado, que como siempre en nuestros países, pagará el pueblo con “hambre y sed”. Actúa como virrey de los intereses británicos en franca expansión internacional. No hay registros positivos a favor suyo. El desprecio humanitario de don Bernardino González (Rivadavia era el apellido materno) no tiene límites: Un perro de la calle le muerde las “nalgas”. No termina el día, y decreta la muerte de los perros callejeros. Muy distante de Artigas, que antes de doblegarse a cualquier opresor, “lo enfrentará con sus perros cimarrones”. Miren que no soy dado a aceptar blancos y negros en la Historia, ni en la vida. Pero Rivadavia y Artigas son así de opuestos. Nunca tan claros dos proyectos diferenciados de Nación: El sectario, antipopular, virreinal, oligárquico, extranjerizante de Rivadavia como mentor político del Puerto de Buenos Aires; Y el federal artiguista.

 Había un hombre preparado para ser el fiel de la balanza. Por razones que desconocemos, José San Martín no escogió partido, y se fue del país. Realizó una providencial campaña libertadora por América, continente del cual somos parte integrante, pese a los ensueños extranjerizantes de nuestra clase oligárquica. Mas cuando regresa al Plata en 1824, primero, y 1829, se alejará para siempre.

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   Bernardino González es presidente en 1826. Contra él se levantan los grandes caudillos del federalismo: Juan Facundo Quiroga, Juan Bautista Bustos, Juan Felipe Ibarra, Estanislao López. Los encabeza y coordina Manuel Dorrego, soldado de Belgrano y de San Martín, federal doctrinario, que ha comprendido a su país hondamente. Ha dado en la tecla en el Congreso Nacional de 1826. La aristocracia del dinero, señala a la bancada unitaria, “es una pequeñísima parte del país, que tal vez no exceda de la vigésima parteY en ese caso, hablemos claro: ¡el que formaría la elección sería el Banco! Intenta ligar al país bajo los mandatos del Federalismo, pero encuentra injusta y cruenta muerte en diciembre de 1828. El ejército, hechura de la aristocracia del dinero (la oligarquía), donde González predicaba su “ideal nacional”, intenta constituir el país “a los palos”. No hubo caso, y los caudillos ganaron la partida.

 

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1831-1840.

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   ¿Eran tan federales los caudillos? ¿Eran tan unitarios los jefes aliados de la oligarquía portuaria? Todo indica que no. Pero en principio no entendamos al federalismo como a una organización territorial. En la Argentina, el federalismo se entiende como la democratización de la vida pública. Devolverle al Pueblo su Soberanía Política: El voto, sagrada institución de años ancestrales, se torna verdaderamente un arma política popular. Los argentinos, hemos inventado el sufragio universal como herramienta popular, Como manifestación de la Soberanía Nacional. Y también, de paso, porque los argentinos somos así, inventamos el fraude electoral[3]. Para hacerla completita.

  López, el correntino Ferré, Quiroga, conciertan con el heredero dorreguista las pautas a seguir: Es el Pacto Federal del 4 de enero de 1831. Es el inicio de la Confederación Argentina.

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   El “gaucho pícaro de Cerrillos”, se convierte en el campeón del federalismo nacional, sin ser federal, ni mucho menos. Nuevamente entendamos al federalismo como expresión democrática de los pueblos. Don Juan Manuel de Rosas, reviste como un hacendado poderoso de la provincia de Buenos Aires, cuyos rincones conoce como ninguno, La chusma lo tiene como a uno suyo, la indiada lo respeta, el poder oligárquico le teme. Los caudillos provinciales pactan con él, e intentan sofrenar la hegemonía bonaerense.

    Todo parecía ir más que bien, mientras Rosas desenvuelve su poder en Buenos Aires, cuando cae fulminado de un balazo en el ojo Facundo Quiroga. Encima, lo mandan matar hombres de Estanislao López. Ya no hay tiempo para tibios, a partir de abril de 1835: Se está con Rosas, o se está contra él.

   “El gaucho de Cerrillos”, se ha hecho un prestigio en la provincia, luego con el poder, pacta con los caudillos, se quita de encima los sofrenos, y se convierte en el líder federal, siempre mediante un pacto recíproco perdurable a nivel nacional.

 

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1841-1850.

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            Argentina pertenece a un continente en la que siempre ha marcado la huella su liderazgo político y cultural. Esa huella, se acentúa en el cono sur americano. Sus relaciones ambivalentes con las potencias mundiales, han marcado, a su vez, décadas de aventuras, desventuras, ensueños colectivos y fracasos individuales. Ese liderazgo entraba en la idea de don Juan Manuel. Y con Rosas, básicamente, no se jode. Persigue a todos los adversarios de la Causa, inclusive a los que le rendían respeto hasta ayer: Por diez años habrá guerras intestinas, externas e internacionales para conocer cuánto perdura la Soberanía Nacional y Popular que instaura el Gaucho pícaro de Cerrillos.

 De las radas argentinas se van los franceses que creyeron que los argentinos éramos unas empanadas que se comían con solo abrir la boca (San Martín) Quedan en el Plata, combativos y furibundos, todos los que los ‘convocaron’ a derrocar al tirano. Y la saña rosista contra todos ellos no tiene límites. El país se pinta de rojo punzó, y los retratos del Restaurador están al lado del Santo Patrono de los Pueblos en las procesiones religiosas. Si a Rosas le gustaba o no, esa devoción popular, poco importa, la cuestión es que existía, y punto.

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    Pero toda esa devoción popular, todo ese país pintado de rojo punzó, en un momento cansa, y harta. De las cenizas de ese gran incendio que ha arrasado todo, florecen ideas que le reclaman al Restaurador que pare un poco la mano. Que se digne, al fin, a organizar la Constitución Federal. Entonces surge uno de esos imponderables que postergan el asunto: Llegan los anglo/franceses a los muelles porteños. Otra vez los imperialistas a las puertas de casa. Buen momento para aprovechar y eludir debates internos, como ha hecho Fidel cincuenta años en Cuba. Y otra vez los corremos, porque ningún barquito pedorro, aunque vengan conducidos por quienes vengan, nos hacen mella. “Los corrimos, a los gringos, y pudieron preguntarse en el mundo, de dónde ha salido esa andrajosa Nación del Sud que corría a los poderosos”.

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1851-1852.

            No queda nadie más. Rosas les ganó a todos. Brasil, el Imperio de Pedro II, ha quedado en pie, pero ya teme la amenazante visión americanista del Restaurador. Otra guerra internacional más. Otra vez la Soberanía que se escurre de las manos cual arena, si no se consigue arrebatar del trono a ese jovenzuelo carente de sólida formación política.

            Veinte años desde el Pacto Federal, y la Organización Constitucional, sigue en veremos. Como de de pronto, un trueno sacudió la modorra pueblerina. El mayor general de Rosas se le ha declarado en contra. El sistema colapsa. Se congela el manantial donde discurrían los sentimientos nacionales, y el hielo se agrieta y se parte en mil pedazos. El Brasil ha vencido a los argentinos en Caseros, y salva la corona de su Emperador, y se queda con el manejo diplomático continental. Urquiza ha vencido al tirano en Morón, y convoca a todos, y a todas, a conformar la Organización Nacional.

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      Allí entra el altanero y supremo Castellano de San José, Vivado en Buenos Aires por la oligarquía, aplaudido por los mismos que despreciaron al Dictador. Lo llaman, “el Libertador”. Sostenido en el Brasil, Urquiza le entra de lleno al riñón del poder portuario. Y llama a concluir lo pactado en Santa Fe el 4 de enero de 1831: Llama a dictar Constitución, a establecer la Ley Federal Jurada.

 

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Las dificultades de Urquiza.

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   El mayor problema del castellano de San José es constituir institucionalmente el país que le deja Rosas. Dos impedimentos lo tendrán a mal traer hasta su declinación final.

    Sus ligaciones con el Brasil. Jefe de la Vanguardia Rosista Argentina en la guerra contra el Imperio, Urquiza termina la guerra como oficial mayor del ejército brasileño en guerra contra su propio país. Él mismo se queja a viva voz de cuando se anunciaba con anticipación su negociación con Río: ¿Cómo han creído que abandonaré el credo argentino en unión al Brasil?, dirá aquella vez. Pero el 1° de mayo de 1851 en la plaza principal de Concepción del Uruguay se pronuncia contra el ‘Restaurador’. Los convenios contraídos con el Imperio le atan una mano a la espalda. No podrá desembarazarse de los compromisos, nunca más.

   La heterogeneidad de su alianza política. Es el segundo gran impedimento que intentó sortear sin éxito. La Coalición que derrota a Rosas en los campos de Morón, es una sumatoria de antirrosistas sin mayor unión política que su aversión a don Juan Manuel. Y es que no pasan unas semanas de su gran victoria militar, cuando esas contradicciones hacen eclosión. Básicamente, la provincia de Buenos Aires se liga contra la Confederación Nacional. Confluyen en la provincia los hombres de Rosas, hacendados de adentro, la gran masa popular, y los mercaderes del Puerto, unidos frente al enemigo en común, como antaño.

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      En tiempos rosistas el nombre del Restaurador confundió antinomias. Pero con su caída, vuelve a escena el latido íntimo del país separado en dos ideas síntesis del país. El artiguismo americanista contra el Puerto rivadaviano. El federalismo como vocación democrática, y ahora organizativa de la Nación, y el unitarismo que mira a Europa con pasión y desprecia a los trece ranchos con los cuáles comparte bandera.

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1852-1861.

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    Buenos Aires contra la Confederación Urquicista, con sede en Paraná. Buenos Aires se sostiene en las ganancias que le dan los dividendos de la Aduana del Puerto. Urquiza, en los sentimientos argentinos de las grandes mayorías que padecen la separación nacional. Son dos proyectos preclaros de la vida nativa, que todavía tienen vigencia en el país. Y vaya cosa, es el Brasil el que, a grandes rasgos, mantiene su apoyo a la Confederación; Mientras Europa, por intermedio inglés, apoya profusamente al Estado Bonaerense.

   Los grandes contingentes sociales son los que hacen la historia mundial, creando hombres que se dan a conocer como sus referentes y síntesis de los tiempos. Y por supuesto que también hay hombres providenciales que adelantan el paso del tiempo si tienen la capacidad de hacerlo posible. Lo dice Marx sobre el Brumario que pone a la Burguesía a la cabeza de la Revolución Francesa, a poner orden de una vez. El actor que lo consigue, es Napoleón Bonaparte, pero si el gran corso no hubiera existido, dice Marx, la burguesía habría encontrado a un napoleón a medida.

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    Urquiza y Mitre, por bandos separados, son la representación de esos dos países, de esos dos sentimientos nacionales, como los llama Alberdi. Y en tiempos violentos, las cosas se definen con sangre y muerte, es decir, con la guerra. Entonces aquí surge un imponderable para cuando uno dice que los procesos históricos dependen de la movilización de sus sociedades. Porque si el Capitalismo Internacional tiene todas las de ganar contra “pueblos atrasados” como el nuestro, dependen muchas veces de las coyunturas inesperadas. Y una de estas, es la batalla de Cepeda, en donde Urquiza acaba con las huestes mitristas.

  Y aquí nuevamente lo anecdótico le gana al proceso, para darle cuerda al proceso. Urquiza tenía todas las de ganar, y le hubiera bastado imponer en el gobierno bonaerense un hombre suyo (don Bernardo de Irigoyen, Nicolás Calvo, hasta un Lorenzo Torres o un Carlos Tejedor) pero no: tranza con el mitrismo. La Masonería y el Paraguay han metido la cola para que así sucediera, para desgracia del gran país vecino del norte. Pavón es una consecuencia directa de esa concesión y la defección final de Urquiza.

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1861-1868,

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    Ahora Mitre, como el fiel hacedor de la oligarquía portuaria y los planes capitalistas británicos, se hace con el país. Exporta los lineamientos “liberales” en guerras de genocidio que eliminan de la faz al Pueblo Americano, tanto argentino en el interior cordillerano, como el paraguayo en la guerra de la Triple Infamia. Es el telégrafo, el remington y el ferrocarril, los que liquidan la suerte de los caudillos federales de la Nación. Pavón ha cambiado para siempre la historia argentina. Si hasta sus días al país lo intentaron constituir las masas populares, a partir de entonces, y por cincuentas años, las minorías oligárquicas proto-inglesas, se hacen con el poder real y formal.

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1868-1877.

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     El solo nombre de Mitre en el interior del alma argentino genera escozor. Su nombre significa violencia, sangre, muerte y desolación. El Régimen, que ha creado a su prototipo de prócer, no puede sostenerlo más tiempo. Las impericias militares y políticas de don Bartolo, hacen el resto: Surge un opositor con la muñeca necesaria de resolver la disyuntiva Puerto vs Nación, y esa es la de Adolfo Alsina.

 

  Con Alsina el proceso económico de dependencia continúa su vigencia, pero se atenúa un poco. Los dos presidentes encumbrados de su mano, Sarmiento (¡nada menos!) y Nicolás Avellaneda, promueven un programa más abarcativo que el chato, sectario y exclusivista del mitrismo. Alsina, por medio de estos dos estadistas, puede pactar con las oligarquías provinciales (que, por favor, no podemos poner a la altura de la portuaria) y gobernar en son de una argentinidad superadora de lo que significa el mistrismo. Pero el mitrismo, como el amor, en la Argentina, siempre es más fuerte. Y Alsina se ve obligado a transar, él también.

 .

  Alsina es líder popular en la provincia bonaerense. Arma una estructura incipiente, siempre, a nivel nacional con los resabios del federalismo antimitrista. Pero nunca ha podido romper con el cerco que el significado de Mitre le abroquela el cuello. Y pacta con don Bartolo, cometiendo el mayor error de su carrera política. Que, encima, precede en meses, a su muerte prematura. Nicolás Avellaneda, sin las cualidades políticas para manejarse que tiene don Adolfo, queda metido en un berenjenal. Y su irresolución nos devuelve a Pavón. Otra vez, la provincia de Buenos Aires contra la Nación. Otra vez la oligarquía portuaria negándose a formar parte de la República Argentina.

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Presupuestos nacionales y bonaerenses.

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   Obsérvese en este interesante cuadro comparativo la impresionante diferencia presupuestaria de los estados argentinos y bonaerenses. En la primera década la Confederación languidece de impotencia frente al porteñaje, con un promedio debajo de 21 a 1. Mitre, ya instalado el gobierno en Buenos Aires, lo reduce a 5 a 1. Sarmiento y Avellaneda, tampoco la pasan bien, y el último vio como Carlos Tejedor, mandatario porteño, se armaba hasta los dientes aumentando las partidas presupuestarias: 8 a 1. Con la victoria del Estado Nacional en la guerra civil de 1880, las cosas finalmente toman su canal ordinario[4].

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Presupuestos de la Nación y la Provincia.

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Año Estado Nacional Provincia de Buenos Aires.
1855 $2.680.445 $59.479.915
1860 $4.312.227 $90.584.236
1865 $8.595.037 $40.415.123
1870 $14.486.995 $57.918.897
1875 $21.426.890 $159.918.897
1880 $18.479.514 $131.907.904
1885 $43.080.761 $13.395.811

 

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Enumeración de conflictos históricos.

°

     Ustedes han visto que desde 1810, y con las tantas guerras internacionales en las que se involucró la Argentina, no he cesado de contar guerras civiles. Casi que no hubo paz un minuto en nuestro país. Les hago un racconto, con toda la seguridad que me olvidaré de algún conflicto:

 ,

Conflictos Internacionales:

-Podríamos empezar con la invasión inglesa de 1806.

-La Guerra de la Independencia a tres frentes: el occidental, con San Martín cruzando Los Andes; el norteño, con las tres campañas al Alto Perú y la defensa de Güemes; la oriental, con Belgrano, primero al Paraguay, y luego Artigas contra España y el Portugal.

-La Guerra con el Brasil (1825-1828) por la Banda Oriental, erigido país independiente.

-Conflicto con EEUU e Inglaterra por las Malvinas (1833)

-Guerra con la Confederación Peruano-Boliviana (1838) ya en tiempos de Rosas.

-Guerra con Francia y Uruguay (gobierno colorado) (1838-1840)

-Guerra contra la República Farroupilha (1840-1843)

-Guerra con Montevideo (1843-1851)

-Guerra con el Paraguay (1845)

-Conflicto limítrofe con Chile (1845)

-Guerra con Francia e Inglaterra (1845-1850)

-Segunda Guerra con el Brasil (1851-1852)

-Guerra contra el Paraguay (1865-1870)

-Conflicto limítrofe con Chile y el Brasil (1871-1878)

 Ahora recordemos los conflictos internos del país:

-Guerras de Buenos Aires contra Artigas y la Liga de los Pueblos Libres (1814-1820)

-Guerra de Santa Fe y Buenos Aires (1820)

-Guerra de Santa Fe, Buenos Aires, Córdoba y Mendoza contra Ramírez y José Miguel Carrera (1821)

-Guerra de Güemes contra Tucumán (1821)

-Campaña contra la indiada de Martín Rodríguez, gobernador de Bs. As. (1821-1824)

-Guerra del interior (1827-1829) rivadavianos contra los caudillos del cordón cordillerano.

-Guerra en el Litoral contra el levantamiento decembrino (1829)

-Guerra del interior (1829-1830) entre Paz y Quiroga, a grandes rasgos.

-Guerra de la Liga del Interior contra el Pacto Federal (1831-1832)

-Campaña al Desierto (1833)

-Guerra de Tucumán con Salta (1834)

-Levantamiento de chacho Peñaloza en Cuyo (1836)

-Primer Levantamiento Correntino antirrosista (1838)

-Levantamiento antirrosista de los Libres del Sud (1838)

-Incursiones antirrosistas de Lavalle (1838-1840)

-Secesión de la Coalición del Norte (1838-1842)

-Segundo Levantamiento Correntino (1840)

-Tercer Levantamiento Correntino (1845)

-Pronunciamiento de Urquiza (1851-1852)

-Buenos Aires contra la Confederación (1852-1853)

-Malones contra Buenos Aires (1852-1855)

-Conflictos de la Secesión (1856)

-Guerra de Cepeda (1858-1859)

-Guerra de Pavón (1861)

-Guerra de las Montoneras (1862-1863)

-Malones contra Buenos Aires, toda la década del ’60.

-Tercera Guerra de las Montoneras (1866-1867)

-Incursión de Felipe Varela (1869)

-Levantamiento Jordanista (1870-1871)

-Guerra contra la indiada (1872-1874)

-Segundo Levantamiento Jordanista (1873)

-Levantamiento Liberal (1874)

-Tercer Levantamiento Jordanista (1876)

-Campaña al Desierto (1878-1879)

-Levantamiento armado porteño contra la Nación (1880)

-Liquidación de la campaña al Desierto y al Chaco (1881-1884)

  Y eso sin contar los distintos levantamientos provinciales, ahogados sin llevar el derramamiento de sangre a mayores. ¿Hay una línea que podamos definir el por qué de tanto enlutamiento patrio? Sí. El Puerto de Buenos Aires, levantándose contra el país. Y los distintos conflictos de los tiempos de Rosas. Es decir, la eterna negación de Buenos Aires a aceptar las leyes básicas de convivencia nacional.

 

[1]  “Matón” podremos agregar.

[2]  “Los Caudillos”, Editorial Dunken, 2012, del autor que escribe estas líneas.

[3] El fraude es un invento de las minorías para sustentarse en el poder político. Los líderes populares no lo necesitan. En todo caso, caen en “la demagogia” y en “el populismo”, tan necesario para contrarrestar el poder social de esas 200 familias que rodean a la Casa Rosada, según Arturo Illía.

[4] Fuente: Galasso, Norberto, Historia de la Argentina, tomo I. Ediciones Corahue, página 597.

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