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Contra el Feminismo como distracción de la lucha revolucionaria. Por Jorge Altamira.

ALTAMIRA PUEBLONingún policastro ni intelectualoide lo dijo mejor que él: Nuestro ‘ZURDO’ valiente y comprometido. Aquí su posición, Sobre feminismo, lenguaje inclusivo y las drogas entre los jóvenes.

 

 

Feminismo

La emergencia de un gigantesco movimiento de lucha de la mujer, a escala mundial, no ha sido integrada a la caracterización política de conjunto, como una manifestación de la tendencia internacional a un ascenso de las masas explotadas. Esto es sorprendente de parte de una corriente – la oficial -, que se empeña en una demagogia feminista sin delimitaciones de clase. Detrás de la fraseología de los medios de comunicación acerca del carácter pequeño burgués del movimiento, se omite a su inmensa mayoría trabajadora, aunque la de origen fabril o humilde todavía deba integrarse a la lucha.

El movimiento feminista en el último cuarto de siglo se ha distinguido de sus precedentes por el carácter policlasista, en especial como consecuencia del derrumbe de los partidos obreros – reformista-neoliberal y stalinista. El pretexto de evitar una relación sectaria con él ha redundado en un abordaje oportunista, o sea de adaptación a un feminismo excluyente de la lucha de clases. La opresión de la mujer tiene un carácter clasista no sólo históricamente, sino porque sirve a la reproducción de la sociedad capitalista y a la tendencia del capitalismo a disolver la organización familiar sin poder proceder a la socialización del conjunto de la vida social. La decadencia capitalista constituye un límite absoluto a la emancipación de la mujer, porque sobre ella y sobre la niñez recae la carga mayor de la creciente miseria social. La conversión de la prostitución en una gigantesca empresa capitalista, conectada al aparato del Estado y a los bancos que lavan el dinero del negocio, es su demostración más concluyente.

La crisis de dirección de la clase obrera y los explotados se manifiesta en forma cabal en el predominio de la orientación feminista pequeño burguesa del movimiento. Se trata de una vía sin salida, como lo demostró el feminismo de los ‘70, porque se escinde ante las contradicciones políticas que dominan la vida social y se alinea con los partidos burgueses y pequeño burgueses que dominan el escenario político. La consecuencia de ello es la derrota o la cooptación, incluso la tendencia a la reversión de conquistas ya establecidas.

Con el mayor empeño en integrar el movimiento de lucha de la mujer, la izquierda marxista debe esforzarse en presentar sus propias perspectivas, caracterizaciones y consignas, y desarrollar la organización socialista de la mujer. Mientras nuestro partido mantiene de palabra un planteo socialista, en la práctica se diluye en el feminismo. En un pasado no tan lejano enfrentábamos la violencia doméstica y el femicidio con el planteo de la organización combativa de la mujer en los barrios e incluso la formación de brigadas contra la violencia machista. Recientemente, incluso a pesar del planteo de que el “Estado es responsable” votamos la ley Micaela que prevé la capacitación de género de la burocracia estatal. En las campañas electorales, como la reciente de Córdoba, el planteo clasista contra la opresión de la mujer fue sustituido por el feminista. La adopción del “lenguaje inclusivo” sin ninguna clase de discusión interna es un ejemplo de esta tendencia. Incluso si se caracterizara que su uso no colisiona con ningún principio, la primera obligación sería distinguirlo de la utilización pluriclasista de él, que propugna este tipo de método para la igualdad social en oposición a la revolución socialista y la dictadura del proletariado. Como socialistas debemos defender el lenguaje histórico de la clase obrera, que eleva a todo luchador a la condición de compañero o compañera, en lugar del demagógico ‘pibes’ y ‘pibas’. El ‘machismo’, como blanco preferencial de la lucha contra la violencia a la mujer, disimula todas las condiciones de violencia de la sociedad capitalista, y la violencia en gran escala que representa el negocio internacional de la prostitución. El ‘machismo’ en la clase obrera, incluida su propia vanguardia, debe ser objeto de una campaña de educación y conciencia de clase entre los trabajadores y trabajadoras. Así como en la Revolución de Octubre la conquista de la paz, de la tierra a los campesinos y los derechos laborales neutralizaron la oposición de las masas envueltas en prejuicios patriarcales e iniciaron el largo camino de la emancipación de la mujer, la unidad del proletariado masculino y femenino en la lucha de clases, es el método para derrotar el ‘machismo’ entre los trabajadores.

La discriminación y la violencia a la mujer trabajadora tiene lugar, no solamente en el ámbito del trabajo, sino en el de la familia obrera, donde la violencia social general se reproduce bajo las formas brutales. A este cuadro general, se suman la sobreexplotación, el desempleo crónico, la juventud sin trabajo, estudio ni futuro, la penetración del narcotráfico, el alcoholismo y la droga, La lucha contra la violencia a la mujer debe ser integrada a la lucha contra la miseria social, es decir, el capitalismo.

La descomposición capitalista se manifiesta en forma lacerante en la manipulación y destrucción de miles de jóvenes como consecuencia de la droga – un filón gigantesco de negocios que se ha entrelazado largamente con las finanzas mundiales. La izquierda democatizane abraza la visión liberal del consumo de drogas ‘recreativo’ y como expresión del “libre albedrío”. Lo mismo sostiene una parte de nuestro partido, que manifestó en su momento el rechazo al planteo de Katerina Matsas, dirigente del EEK y especialista en drogadicción, sin por supuesto escribir nada al respecto. Tenemos, de un lado, un Polo Obrero que debe enfrentar la destrucción de la juventud por medio de la droga y el narcotráfico y, del otro lado, sectores que reivindican el consumo de drogas como una manifestación de libertad. Bajo el capitalismo, la libertad personal se encuentra decisivamente condicionada por la explotación capitalista, de la cual el narcotráfico es una herramienta mortal.

Nuestra denuncia del narcotráfico, nuestra lucha contra la penalización a la juventud es a la vez un llamado ferviente a los jóvenes y a los trabajadores a rechazar la droga, para concentrar todas sus energías físicas y mentales en la acción revolucionaria.

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