Carlos Pistelli

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I- Bicentenario de Cepeda: Arequito.

 ¡Salve Arequito, posta de la Nación!, se le escapa a Fermín Chávez al referirse al motín en la citada localidad santafesina. Es el 8 de enero de 1820, y el Segundo Comandante, cordobés, Bustos, tras tensiones lógica y contravueltas, depone al General en Jefe Fernández de la Cruz, y retrotrae las tropas (tres mil hombres) a la ciudad de Córdoba.

IBARRA-HEREDIA-PAZ.

 

 Llamados por el Director mamita Rondeau, y ya sin Belgrano al mando, quien delegó el cargo ya muy enfermo (y prisionero en Tucumán), Fernández de la Cruz no las tenía todas consigo. Las tropas no quería alejarse de su terreno de operaciones (donde ya de por sí no cumplían su rol), como auxiliares de Güemes, en el norte argentino; Y mucho menos para inmiscuirse en una guerra que les resultaba ajena. Además los comandantes del Ejército, que le prestaban una lealtad plena a Belgrano, pero plena, eran dueños de la voluntad de los soldados, y no congeniaban con el Jefe sustituto. Bustos conducía la sublevación en ciernes ante la impotencia del Comandante en Jefe.

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 Al ingresar a Santa Fe, notaron que se repetirían los episodios del año y meses anteriores. Las montoneras de López atacaban sin atacar, escapaban sin escapar, generando malestar en la tropa y constantes deserciones. ¡Tres mil hombres no podían contra los trescientos, como mucho, indios que López conducía!,

 La noche del 7 hicieron pie en Arequito. Estaban a horas de Pergamino, en donde les esperaba (o esperaría) Rondeau. Se armó un campamento de algunas cuadras de extensión. Bustos organizó el mismo de modo tal que los participantes de la sublevación quedaran juntos y los regimientos no tan comprometidos, pero que adherirían al clamor general, bajo la vigilancia del Jefe. Un imponderable sucedió en favor de Bustos, que contaba con Alejandro Heredia, tucumano, y Felipe Ibarra, santiagueño, como sus lugartenientes mejores. El manco Paz que venía de retraso pues tuvo que sofocar una sedición previa, sufrió una deserción importante que Fernández De la Cruz le recriminó agriamente. Paz, al menos eso cuenta él, indignado, y sabiendo de la sublevación en ciernes, aún cuando el Mayor Lamadrid pretendió calmarlo, se pasó a los sublevados.

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 En la noche del día 8, la situación ya era manejada por Bustos, pero ocho jefes de Regimiento, entre ellos Lamadrid, prestaron lealtad a Fernández. Bustos tuvo que forzar la situación.

 Avisó a Fernández, galante al menos, lo que estaba sucediendo, y se unió a 1600 hombres sublevados. Una distancia de ocho cuadras mediaba entre leales y bustistas. A todo esto, las avanzadas de López observaban todo, manteniendo informado al Caudillo.

 Fernández negoció. Bustos volvería a Córdoba con su gente, y él seguiría al encuentro de Rondeau. Arreglarían llevarse la mitad de los pertrechos y todos contentos. La mañana del 9 se pasó entre negociaciones. Fernández esgrimió la lealtad al orden desconstituido. Bustos, una carta que debió sorprender al Jefe: Güemes había dado su aprobación a retrotraer el Ejército. Se devolverían los rehenes que tenían los sublevados y se intercambiarían las armas que Bustos exigía. Para evitar el conflicto en ciernes, y no someterse a Bustos, Fernández procuró apurar la marcha a Pergamino, lo cual fue su fin. Las tropas de López le atacaron, infringiéndole una derrota menor, quedando rodeado y desmoralizado. Se volvió a Bustos y le entregó la totalidad de los hombres. Rondeau se quedaba sin el mayor de los apoyos para la guerra.

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 Ni lento ni perezoso, Estanislao López envió a su secretario Cosme Maciel, el primer abanderado, a invitarlos a la marcha. Ramírez, para no ser menos, cometió el tremendo error de enviar al chileno Carrera, que fue muy mal recibido por los sublevados. Dice Paz:

 Puedo asegurar con la más perfecta certeza que no había la menor inteligencia, ni con los jefes federales ni con la montonera santafecina; que tampoco entró, ni por un momento, en los cálculos de los revolucionarios unirse a ellos, ni hacer guerra ofensiva al Gobierno ni a las tropas que pudieran sostenerlo: tan sólo se proponían separarse de la cuestión civil y regresar a nuestras fronteras, amenazadas por los enemigos de la independencia; al menos éste fue el sentimiento general, más o menos modificado, de los revolucionarios de Arequito; 

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 Bustos retrotrajo a Córdoba, y se hizo con el poder, dominando a los esquivos, y díscolos, artiguistas locales. Paz lo sintió como una estocada personal:

 (…) si sus votos se vieron después frustrados, fue efecto de las circunstancias, y más que todo, de Bustos, que sólo tenía en vista el gobierno de Córdoba, del que se apoderó para estacionarse definitivamente.

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 Bustos auxilió a sus compañeros a hacerse con los gobiernos provinciales; Ante la guerra civil que se produjo entre los del litoral todo el largo año ’20 y más del ’21, buscó la paz y el orden y coordinar esfuerzos para auxiliar a Güemes y a San Martín, ya en Perú. La llegada de Rivadavia al ministerio bonaerense, frustró sus planes.

 Así terminó sus días, el glorioso Ejército que salvó la Patria en Tucumán y en Salta.

bustos

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