Carlos Pistelli

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II-Bicentenario de Cepeda: #Tacuarembó.-

 Soberano señor: Merezca o no Vuestra Soberanía la confianza de los pueblos que representa, es al menos indudable que Vuestra soberanía debe celar los intereses de la Nación. Esta representó contra la pérfida coalición entre la corte del Brasil y la administración directorial; los pueblos revestidos de dignidad están alarmados por la seguridad de sus intereses y los de América.

   Vuestra Soberanía decida con presteza. Yo, por mi parte, estoy dispuesto a proteger la justicia de aquéllos esfuerzos. La sangre americana en cuatro años ha corrido sin la menor consideración; al presente, Vuestra Soberanía debía economizarla, si no quiere ser responsable de sus consecuencias de los pueblos.

 Tengo el honor de anunciarlo ante Vuestra Soberanía, y saludarle con mi más respetuosa consideración. 

27 de Diciembre de 1819

Oficio de Artigas al Congreso de Buenos Aires,
En Abadie Reyes, ‘Artigas y el Federalismo…, página 299,

 

 Protocolar y formal como debiera ser, Artigas informa al Congreso heredero del Tucumán sus procederes. Les responsabiliza de lo actuado, y todavía les tiende la mano para volver al redil. Enterado de los planes de Rondeau por acabarle, pasará a la ofensiva.

  Son los últimos meses del Caudillo Magno, el Patrón de la Independencia.  Rivera, en una guerra de montoneras, contendrá la invasión; Y él, con Andresito, en un ataque en forma de pinzas, atacará al Portugal en Río Grande y en las Misiones Orientales. Al mismo tiempo ordena al lugarteniente del margen occidental del Uruguay, Francisco Ramírez, que pase a Santa Fe, ponga al gobernador, siempre renuente, López como su segundo y ataque Buenos Aires. La escuadrilla artiguista les cuidará de un ataque por la espalda tomando el control del Paraná.

https://carlospistelli.com/2020/01/07/i-bicentenario-de-cepeda-arequito/

artigas

ARTIGAS, de Bulnes.

  Las chances del General no parecen buenas, porque divide tropas en momentos críticos. Sus espías le han advertido quen las provincias interiores el rechazo más absoluto hacia Buenos Aires estallará en motines, y ni el propio San Martín, con su prestigio continental, podrá ponerle coto. Arriesgarlo todo a un triunfo contra Rondeau, para volcar la opinión en su favor mientras él gana tiempo en la frontera, le parecía el mejor plan.

  No lo sabrá hasta tarde, pues las comunicaciones con Andresito fueron cortadas por el enemigo. El 24 de junio su hijo mejor había sido derrotado, tras ir a su encuentro, y tomado prisionero. El frente norte se había desmoronado como un castillo de naipes, y Artigas pendía de un hilo: Todos sus lugartenientes entregados al enemigo, muertos o prisioneros; Rivera, siempre pendulante, del cual le habían advertido y prefirió prohijar; Latorre a su mando, siempre leal y eficiente; y lo que pudieran hacer las últimas partidas indias; y Ramírez con López en Santa Fe. La carrera del viejo Jefe de los Orientales estaba a punto de terminar.

 

 La Historia, siempre coqueta con sus mejores galantes, quiso darle una oportunidad más.

 El status qúo en la guerra del Arroyo del Medio, es la que parece lo definirá todo. Las partidas del Gobernador López (seudo auxiliadas por un caudillesco cordobés apellidado Álvarez) mantienen a raya las vanguardias enemigas. Por tres meses, mientras Ramírez prepara la marcha, una guerrita que no es guerra se desarrolla al norte de Bs. As., sur de Santa Fe y sudoeste de Córdoba, En esa frontera desaliñada del páis. Rondeau permanece impotente de marchar a lo Napoleón y ganar la guerra. El lugarteniente oriental, de avanzar de una vez por todas y acabarlo. La posibilidad que los Ejércitos del Norte y Los Andes aparezcan por Desmochado, asusta a los federales de Los Pueblos Libres. Encima, en los días finales de octubre, Rivera ha sufrido un pequeño gran contraste, por desobedecer al Jefe, y las relaciones han quedado tan tirantes como irrecuperables. Ya el apodado Pardejón por Rosas se ha pasado al enemigo, como le habían dicho todos sus lugartenientes.

 Artigas inicia la invasión, y los portugueses se preparan.

 

  Lecor, encerrado en Montevideo, da las últimas órdenes de la campaña. Lecor sabe del plan artiguista, y actuará para adelantársele. Curado, persiguiendo dando escarmiento orientales por toda la campaña; El gobernador de Río Grande, Conde de Frigueira, debe unirse al Brigadier Abreu, derrotar a Pantaleón Sotelo, sucesor de Andresito, y acabar de una puta vez con Artigas. 

  Pero la sorpresa se produce el 14 de diciembre de 1819: Latorre derrota a Abreu, en Guirapuitá, quien abandona el campo en desbande, y da un respiro total al artiguismo de la campaña. El 17 Latorre choca con fuerzas superiores, a las que hace frente con valentía, en resultado indeciso, y el 27 Abreu, reforzado por el Mariscal Cámara, ataca al propio Artigas en Ibicuy-Guazú, siendo rechazado pero obligando al jefe oriental a volver a su provincia, en busca de suministros.

 

 Rivera ha ido a pararse en el Queguay, a millas de Paysandú, a unos doscientos kilómetros, como mucho, de Tacuarembó, donde aposta Latorre. Artigas le deja al mando general de las tropas mientras busca suministros en Mantojo, distante unos kilómetros, y llama a Don Frutos a su encuentro. Éste, no se moverá. Sabe que fuerzas que vienen de Montevideo le buscan, y no desea presentar más combate, para tranzar en el campo de operaciones.

 Artigas está en su encrucijada final. Tarde recibirá el comunicado de Ramírez fechado el 8. Su lugarteniente todavía le llama “Jefe Inmortal” y “Protector de los Pueblos Libres” (Abadie Reyes, obra citada), informándole de la deposición del Ejército del Norte: Marcha sin demora sobre Rondeau, a quien piensa dar alcance y triunfo antes del fin de mes en el Arroyo del Medio.

 

 Rodeado por fuerzas superiores, en armamento, disciplina, moral, que unidas podrían provocarle una hecatombe final, Artigas empieza a despedirse de su Uruguay. Todavía, en la primera quincena de enero, logra, en algunas pequeñas escaramuzas, mantenerse a flote. Nueve años hace ya, que su pueblo se bate en libertad, y preferentemente en derrota. Todo eso termina en la mañana del 22, cuando en las inmediaciones de Tacuarembó:

 “llm. y exm. Mr .: Los gloriosos éxitos, que las tropas de este capitanía obtenida bajo mi mando en la batalla de la 22, en la orilla izquierda de Taquarembó, no debería tomarse un momento para ti. para hacerlos ven al conocimiento soberano de Su Majestad. El enemigo estaba en el campamento en esta posición, que desde su naturaleza es fuerte porque está protegida frente a ti por un profundo bañado, y en los flancos por una rama del Taquarembó y por el mismo río, que describía una curva, el pasajes de pocos y difíciles por las muchas aguas que los inundó, Su horda era de dos mil quinientos comandado en jefe por Latorre, cuyo segundos eran Pantaliáo Sotelo (Comandante General de la Misiones españolas después del arresto de André Artigas) y Manoel Caire.
 Inmediatamente ordené al brigadier José de Abreu que marcha con su división y cruza el pantano para atacar el enemigo de frente, y pasé al general de brigada Correa de Cámara con la división de su comando en la rama de Taquarembó, para atacar desde el flanco; para entonces el enemigo se formó en su campamento, y colocó cuatro piezas de artillería que nos hicieron gran fuego. A muy avanzando la voz, el brigadier Abreu ejecutó su movimiento con tanta impetuosidad, a pesar del  gran disparo del rifle y artillería del enemigo, que inmediatamente lo obligó a perder su primera posición y retirarse a una aún más fuerte, defendido por el río, que estaba muy lleno; sin embargo allí es que presencié con gran satisfacción el valor de estas tropas, quien, cuando me vieron a su lado, gritó en voz alta a Su Majestad, y al sonido de esta música pasó el río, logrando inmediatamente la derrota total del enemigo, que huyó precipitadamente, arrojando armas, dejando artillería, municiones, cabalgata, gran cantidad de muertos, heridos y prisioneros; el general Pantaliáo Sotelo fue asesinado en el campo, y por lo siguiente la relación te verá La pérdida del enemigo.

(Parte de Frigeuira, página 260 del Archivo Artigas, Tomo XXXVI)

 Ramón Cáceres, oficial artiguista, que no llegó al combate con alguna tropa fresca, por horas, comenta en contrario: “Tan fuimos sorprendidos, que no había montado más que un escuadrón de servicio. Cuando entraron las columnas portuguesas a galopar por el campamento y aquellos pobres soldados no tuvieron otro arbitro que echarse al agua para salvarse a nado, nosotros, en la margen opuesta, veíamos aquel desastroso sin poderlo remediar, y su presencia no servia sino para desmoralizarnos. No hallaron los portugueses con quien pelear, porque ya se había producido la más espantosa derrota”.

 Ochocientos muertos, quinientos prisioneros (degollados luego sin noticia histórica), todo el bagaje, toda la caballada, y dispersos que son aniquilados sin misericordia, deja el último Ejército libre del Uruguay. Latorre, y algunos más, se presentan en breve número ante Artigas, que entra en una desazón total. Gorgonio Aguiar es el que le informa de la última puñalada trapera, que piensa recibir: Rivera ya ha pactado con el Portugal el abandono de la lucha. Apenas suma cuatrocientos orientales, entre indios, criollos y negros. Los licencia, harto de todo, entristecido de no haberles podio conducir mejor, y cruza el Uruguay con apenas 13 fieles. Se dirige a Corrientes, donde piensa resistir con las últimas fuerzas morales que le quedan.

 

  No llega a Corrientes. Se acaba de enterar que Ramírez ha vencido en Cepeda, y la guerra, como la Historia, le da una última oportunidad.

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